No pierdas tu tiempo amando a una mujer, mejor mátala. Es una
de mis frases predilectas. Gustaba de sentarme en la puerta de la universidad
de San Agustín, y de la San Pablo. Siempre con la misma mirada y esa lujuria
natural que era reconocida por cada mujer que pasaba por mis ojos. Los escotes,
consumían mis erecciones por completo. Como una vez me habían preguntado, ¿eres
un hombre de tetas o de culos?, - respondí risueño, obviamente de pechos.
No diré tu nombre, por temor a que leas estas líneas y te
sientas reconocida, y decidas en tu cólera denunciarme por acoso. Lo cierto, es
que no eras muy hermosa, no obstante, sí muy inteligente. Pensándolo bien,
nunca podrías reconocerme, sencillamente no existes, y no me pregunten el por
qué, no responderé nunca a esa pregunta.
Salimos como 18 veces, a beber y a tirar por parques y
hostales de mala muerte. Debo admitir que nunca la deseé, nunca como la última
vez. Todo acto de penetración era mecánico y automatizado. Solo un robot llegaría
a entenderme. Su vagina era realmente grande, tanto que un oso escogería esa
cueva para su invernación. Detestaba eyacular dentro della, no era merecedora
de mis flujos de genialidad.
Por lo antes mencionado, lo mejor era dejarla, pero dejarla
de tal modo que nadie pudiera encontrarla. Y así lo resolví aquella tarde de
lluvia copiosa. La siguiente narración puede serle útil a todo aquel que quiera
deshacerse de algún indeseable.
La esperé por más de cuatro horas en el lugar de siempre, era
necesario que todos me vieran en ese lugar. Llegó y nos condujimos a un parque
detrás del área de sociales. Hice que comprará un vino de 10 soles. Una vez ebria
detuve un taxi y la lleve lejos de ahí, no diré donde, la policía podría buscar
ahí. Ya en ese lugar procedimos como era previsible.
Al día siguiente, en mi habitación me masturbé recordando esa escena. Reconozco que las 17 primeras veces que salimos fue una pérdida total de tiempo. Pero la 18ava vez compenso todas esas eyaculaciones sin sentido. Ahora puedo recordarla con satisfacción. Y donde esté, espero que se quede allí por mucho tiempo.
Al día siguiente, en mi habitación me masturbé recordando esa escena. Reconozco que las 17 primeras veces que salimos fue una pérdida total de tiempo. Pero la 18ava vez compenso todas esas eyaculaciones sin sentido. Ahora puedo recordarla con satisfacción. Y donde esté, espero que se quede allí por mucho tiempo.
